El derecho a la vida empieza antes de la tragedia
Rara vez pensamos en nuestra propia vida como algo que necesita ser protegido, ¿verdad? No porque no nos importe, sino porque, de algún modo, es algo que damos por sentado. Mientras todo funciona, la vida se vive; no se analiza ni se formula como un derecho. Caminamos, viajamos, trabajamos, volvemos a casa. Confiamos en que el entorno que habitamos está preparado para sostener esa normalidad y casi nunca nos detenemos a pensar en ello. El derecho a la vida puede aparecer en nuestra mente cuando esa normalidad se rompe. Cuando ocurre una tragedia, cuando el daño ya es irreversible. Cuando no queda nada por hacer salvo lamentar lo ocurrido. Es una forma comprensible de entenderlo, porque es intuitiva y está muy extendida. Pero ¿y si esa forma de mirarlo fuera incompleta? Mirar lo que sucede, no darlo por sentado En los últimos años, distintos sucesos han puesto de relieve una realidad que no resulta ajena a la vida cotidiana. Riadas, accidentes de transporte, carreteras ...